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Mi primer encuentro literario cara a cara con el mundo de Al Andalus fue impactante. Ocurrió en la fecha exacta de mi trece cumpleaños de 1969. El regalo que recibí ese día fue el libro, editado por aquella maravillosa editorial que fue AURIGA, titulado CÓRDOBA, CIUDAD SULTANA de Enrique de Obregón. Un libro de serie juvenil, publicado sólo unos meses antes, en mayo del mismo año, que recogía la historia de mi ciudad desde la oscura noche de noviembre de 711 en que los 700 hombres de Mugit al-Rumi asaltaron sus murallas hasta la otra de junio de 1236 en que lo hicieron los del rey castellano Fernando III.

Mi padre debía haber notado mi interés por los temas que tenían que ver con la Córdoba árabe, principalmente mi persistente insistencia en visitar una y otra vez la Mezquita, un lugar que me fascinó desde muy temprana edad. Así que tuvo fácil el regalo de cumpleaños. Nunca antes ni después sería tan certero en un regalo material.

Mi encuentro con aquel libro supuso una verdadera epifanía. Imagino que lo debí leer de una tacada y desde luego esa vez supuso la inauguración de cien lecturas más. A través de él supe de emires, de califas, de visires, de poetas, científicos, filósofos, puertas, calles, edificios… Todo ello quedó instalado perfectamente en mi cabeza y fue el origen de la pasión que se desató en mí por el conocimiento de los temas andalusíes. Las preciosas ilustraciones de José C. Sanromá no desmerecían nada del texto del portentoso divulgador de los más variados temas Enrique de Obregón. Allí fui donde oí hablar por primera vez de una revuelta que tuvo como consecuencia más increíble la fundación de un reino de cordobeses en la lejana Creta. Obregón terminaba ese tema con un pero esto es ya otra historia muy larga de contar. Así que durante toda mi vida he esperado que alguien la contara y como nadie lo hacía tuvo que empezar mi amiga Carmen Panadero en su Los andaluces fundadores del emirato de Creta y yo le seguí en poco tiempo con este mío que presento en esta web, La odisea de los rabadíes. De entre los jugos que saqué de aquella lectura recuerdo especialmente la exposición que hice en la clase de literatura de 6º de bachiller sobre poetas cordobeses en árabe y que me valió una ardorosa felicitación de la profesora, aunque no creo que la mayoría de mis compañeros la apreciaran de la misma manera.

Aquel ejemplar lo sigo conservando, por supuesto, pero, también por supuesto, en un lamentable estado, dados los tremendos palizones que se llevó el pobre durante los años que mediaron hasta que tuve acceso a unos textos sobre esos temas ya puramente académicos. Así que no cupe en mí de alegría cuando descubrí un ejemplar en perfecto estado, con su coloreada sobrecubierta y todo, en una librería de viejo en Cádiz. Las imágenes que cuelgo pertenecen, lógicamente, a ese ejemplar.

Ilustraciones de José C. Sanromá para Córdoba, ciudad, sultana y páginas del mismo que hablan de la Revuelta del Arrabal.

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Páginas donde se relatan los hechos del Arrabal