El emirato de Creta

castillo heraclion

Probablemente las primera noticias que ya entrada la modernidad se tuvieron en occidente de la existencia de un emirato medieval andalusí en Creta lo fueran a través de los textos griegos del siglo X. Fue Gibbon, el inglés, que los usó el primero en hacerlo en los años 70-80 del XVIII y le siguió el español José Antonio Conde que los mezcló con textos árabes que encontró en la Biblioteca de El Escorial a comienzos del XIX.

La visión que se proyectó desde esos momentos y prácticamente hasta nuestros días sobre aquel emirato fue la que cultivaba la idea de que aquello se trató, más que de un estado, de un nido de piratas prácticamente sin ley ni concierto, que durante casi un siglo y medio infestaron las aguas del Mediterráneo oriental, manteniendo permanentemente en jaque al Imperio Bizantino y asolando periódicamente las costas griegas en busca principalmente de esclavos con los que comerciar. Era, claro, la interesada y parcial que iluminaban estrictamente aquellos textos áulicos griegos compuestos al servicio del emperador de Cosntantinopla.

Afortunadamente desde los años 80 del siglo XX algunos investigadores, principalmente griegos, entre los que destaca Vassilios Christides, han cultivado nuevos puntos de vista después de aportar nueva documentación para su estudio de varios orígenes, principalmente árabes que permanecían intraducidos, que nos han proporcionado herramientas nuevas con que tratar de conocer la índole de aquel estado que tanto tiene que ver con nuestra ciudad.

Efectivamente es nueva visión nos pone en contacto con un próspero estado islámico medieval de la misma índole que otros muchos de la misma época y que sin embargo fueron más respetables para la historiografía posterior. Los exiliados cordobeses de la revuelta del Arrabal de Saqunda consiguieron poner en pie en pocos años un reino próspero de economía saneada de variables actividades, entre las que la piratería fue una más tal, como ocurría en los demás estados de la época, con una sorprendente estabilidad dinástica. Acuñó moneda de oro, plata y cobre de gran estabilidad metálica y prestigio, como demuestra el hecho de que se hayan encontrado piezas en lugares tan lejanos como Escandinavia y, tal como se deduce de muchos textos que aporta el profesor Christides, la actividad intelectual que en él se desarrolló debió ser importante, ya que se convirtió en un lugar de recalada de aquellos eruditos que recorrían el mundo islámico en busca de libros, conocimientos y maestros.

Los habitantes del emirato andalusocretense nunca olvidaron sus orígenes cordobeses y más concretamente, saqundinos. A su capital le pusieron de nombre Rabdh al-Jandaq, Arrabal del Foro, sin duda en referencia a aquel del que procedían. Y sus emires llevaron orgullosamente su origen cordobés, hasta el punto de que el último de ellos lo llevaba como sobrenombre, al-Qurtubí.

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