Saqunda

Vista aérea de Córdoba. Bordeadas de blanco las zonas de Saqunda excavadas

Saqunda fue el primer barrio de Córdoba del que alguna fuente escrita nos proporciona nombre y, por sus especiales -y agitadas- circunstancias históricas, datos concretos de sus habitantes. Incluso el nombre y oficio de algunos de los vecinos que en él vivieron.

De los vici romanos, que los hubo y extensos, no tenemos nombre alguno. No sabemos cómo se llamaba el vicus que se extendía frente a la muralla occidental separado de la muralla por el arroyo que le servía de foso y que partía en dos, uno al norte y otro al sur, la calzada que salía de la Puerta que luego se llamó de Gallegos. Tampoco conocemos los nombres de los vici que se extendieron a los lados de las vías principales que salían de las puertas orientales de la ciudad, el que se extendía a ambos lados de la Vía Augusta más o menos por las actuales calles de San Pablo, Santa María de Gracia y María Auxiliadora y las otras dos en que se bifurcaba en la actual plaza de San Pedro la que salía de la Puerta Piscatoria que se abría a la altura de la calle Cardenal González, una por la actual Alfonso XII y otra más pegada al río por la calle Agustín Moreno.

Contamos con un nombre de vicus en una fuente muy posterior a la época romana, ya en el siglo X, en el Calendario de Recemundo, compuesta en 961 por un obispo cristiano. En él se nos dice que el sepulcro de los Tres Santos se encontraba en el Vicus Turris. No sabemos nada más de ese vicus, ni si se trata de un nombre que pervivió desde la época romana o le fue impuesto a la zona en la época de dominación islámica a un arrabal cristiano.

Así que tenemos que concluir con que el nombre más antiguo de barrio que se conoce en Córdoba es el de Saqunda. Vicus en latín, rabadh en árabe, barrio en castellano moderno. Todos ellos hacen referencia al mismo fenómeno, al establecimiento de nuevas unidades poblacionales homogéneas debidas al crecimiento natural de una ciudad.

Tras el periodo de recesión que sufrió la ciudad desde principios del siglo IV y el encogimiento de sus zonas habitadas, tanto intramuros como extramuros, a lo largo de toda la etapa restante tardoantigua, no encontraremos visos de recuperación hasta mediados del siglo VIII, una vez que el príncipe omeya Abd al-Rahman funda el estado emiral independiente de Al Andalus y la ciudad comienza un acelerado proceso de crecimiento fruto de la bonanza económica y de la capacidad de sujeción más o menos continua por parte de los emires de las riendas del mismo.

Así a lo largo de la segunda mitad del siglo VIII ese crecimiento se sustancia en el establecimiento a extramuros de nuevas unidades poblacionales que para los que los cristianos seguirán usando el término latino vici (plural de vicus) y los musulmanes utilizarán el término árabe al-arbāḍ (pl. de ar-rabaḍ). El primero de esos arbāḍ fue el de Saqunda (Šaqunda), que surgió al otro lado del río justo a la salida del puente de piedra que construyeran los romanos en época de Augusto. A la derecha de la vía que salía del puente se situó un cementerio que estuvo funcionando hasta la época de la conquista cristiana del siglo XIII, el mercado principal de la ciudad probablemente justo al lado de la muṣallā‎ (oratorio al aire libre) que fundara el gobernador al-Samḥ en 719. A la derecha de la dicha vía ocupando todo el lóbulo del meandro que forma el Guadalquivir nada más dejar la ciudad y que hoy conocemos como de Miraflores fue creciendo el arrabal a lo largo de unos 60 años cuando despareció bruscamente.

Hay que tener en cuenta que en aquellos momentos ese lóbulo era probablemente dos o tres veces mayor de lo que es actualmente. Con los siglos, el río ha ido comiéndose la orilla del meandro haciendo que el cauce abrace más estrechamente al lóbulo. Hoy día aún podemos contemplar junto al puente del Arenal un muro de contención, llamado de San Julián, que se construyó en el siglo XVI para proteger la zona de las crecidas y que hoy día se sitúa en la orilla contraria de aquella en la que originalmente estuvo. Los límites exactos que tuvo el lóbulo y por lo tanto el arrabal no se conocen, pero es probable que la orilla izquierda del río se situase más o menos por detrás del Centro Comercial Arcángel.

La población que se asentó allí debió estar compuesta mayormente por artesanos, cuyos oficios eran necesarios para el mantenimiento del alcázar, espaderos, talabarteros, alfayates, etc., pero seguramente también vendedores del vecino mercado y campesinos que trabajaban las feraces huertas de entorno. Y según se deduce de algunos detalles de las fuentes, los alfaquíes también debieron ser abundantes entre sus vecinos.

De las excavaciones que sucedieron a la apertura de cimientos de los fastuosos edificios milagrosos que se iban construir en Miraflores y del que finalmente se construyó y que conforman una gran zona arqueológica que estos días está siendo destruida alevosamente, se deducen varios datos. Que por la conformación de sus líneas viarias debió existir cierto grado de planificación urbanística y que debieron ser frecuentes las factorías artesanales, así como los comercios, como deduce el estudio de ciertas estructuras habitacionales que han aparecido repartidas entre las viviendas familiares. Por su parte los resultados del estudio de los vertederos la ausencia total de restos óseos de cerdo en ellos y el hallazgo de escápulas de vacuno de las que se usaban para contener fórmulas religiosas parecen apuntar a que la población, a pesar de que probablemente una buena parte fuera de origen hispanorromana, mezclada con los ingentes aportes poblacionales que arribaron desde el norte de África a lo largo de todo el siglo VIII, estaba ya a esas alturas fuertemente islamizada. Las estimaciones acerca del número de habitantes que el arrabal pudo alcanzar en su época de apogeo, que coincide precisamente con el de su destrucción, son muy difíciles de determinar sin el conocimiento exacto de su extensión. Pero un cálculo moderado pudiera concluir que podría alcanzar la cifra de 30 ó 40.000 vecinos. Sin ánimo de exaltación chovinista, sólo como dato ilustrativo, el curioso puede remitirse a la comparativa con la población de París y Londres por los mismos años.

2017. Destrucción del yacimiento arqueológico de Saqunda

La destrucción sistemática y oficial del espacio arqueológico en los últimos dos años y que hoy mismo continúa, lenta pero persistentemente, supone uno más, y por ahora el último, de los atentados contra el patrimonio arqueológico de una ciudad que puede ostentar orgullosamente el récor de ser la que mayor cantidad de restos de su pasado ha destruido en menor tiempo del mundo entero. De manera que en lugar del león rampante que luce en su escudo podría ostentar la no menos rampante figura de La Cordobestia, ese animal nada mitológico de varias cabezas dotadas de feroces fauces de pala excavadora.

Cimientos de arrabal de Saqunda conservados “ex loco” en el jardin del C3A

El único recordatorio que en todo el antiguo yacimiento existe del que fuera el populoso, heroico y desgraciado arrabal de Saqunda se encuentra en el jardín del único edificio que finalmente consiguió ereccionar la Maldición de la Estupidez Contemporánea que se enfrentó con resultado de tablas con la Maldición del Emir: el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A), y sólo es accesible en horario de apertura del mismo. Unos pocos restos de cimentación de casas de arrabal se encuentran expuestos ex loco, es decir desplazados de su ubicación original. Junto a esos restos se ha colocado una explicación y un plano de los mismos sobre una plataforma. La explicación contiene una pequeña insidia: se refiere a la población del arrabal como de origen cristiano. La historiografía tradicional siempre hizo hincapié en el origen mayoritariamente muladí de la población del arrabal. La lógica, que no las pruebas, así parecen aconsejar considerarla, pero las causas de la revuelta no fueron interétnicas, a lo que esa consideración bien remarcada parece apuntar. La manía de hacer hincapié en la religión -o en el origen practicante de la misma en el pasado- de parte de la población en un momento en el que precisamente y concretamente en el arrabal de Saqunda parece que la población empezaba a sentirse más integrada en las estructuras citadinas y más identificada con su proyecto de estado, vuelve a apuntar al sentido esencialista de la historiografía tradicional española, a resucitar la falacia de la parábola de la gota de anilina de Julián Ribera para resaltar la dependencia de Al Andalus del genio ancestral hispano o a entroncar con el nacionalismo antiárabe de Ignacio Olagüe.

Panel explicativo de los restos de arrabal de Saqunda en el C3A
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